Discurso de Nicole Bidegain, REDLAC Print E-mail

Meeting Global Challenges: Healthy Women, Healthy World
(Enfrentando los desafíos globales: Mujeres saludables, un mundo saludable)

Cuarta Gala Anual de la IWHC, 11 de enero del 2005

Este discurso fue pronunciado por Nicole Bidegain en nombre de la REDLAC (la Red Latinoamericana y Caribeña de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos) ante un público de más de 500 personas durante el evento "Enfrentando los desafíos globales: Mujeres saludables, un mundo saludable", la cuarta Gala Anual de la IWHC, que se realizó en la ciudad de Nueva York el 11 de enero del 2005.

>>Disponible también en francés, inglés, y portugués

Mi nombre es Nicole. Tengo 19 años de edad y sé que soy muy afortunada porque mi familia es una auténtica democracia. Cuando cualquiera de la familia tiene que tomar una decisión importante, le consulta al resto. Por ejemplo, si yo o uno de mis hermanos queríamos quedarnos tarde fuera de la casa, no era una decisión sólo de mi madre y mi padre—era un asunto que toda la familia discutía y decidía. Y como todas/os trabajamos fuera del hogar, todas/os nos encargamos de lavar la ropa—mi padre, mis hermanos y algunas veces también yo y mi madre.

No fue sino hasta hacerme un poco mayor que me percaté de que el resto del mundo no era como mi familia, así que a los 14 años me convertí en activista. Mi madre y mi padre participan activamente en la vida política, pero nunca me dijeron qué debía hacer o pensar—y aún no lo hacen. Decidí venir hoy aquí sin pedirle permiso a mi madre, pero le dije que quería que viniera conmigo y, afortunadamente, accedió.

A los 16 años me uní a la REDLAC, la Red Latinoamericana y Caribeña de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos. La REDLAC está conformada por personas jóvenes, procedentes de 15 países de América Latina, que trabajamos a nivel local y regional promoviendo los derechos sexuales y reproductivos.

Esta noche quiero contarles sobre las actuales prioridades de la REDLAC. La primera es la ciudadanía sexual. La segunda es la importancia de incluir a los hombres en nuestros esfuerzos para lograr la igualdad de género. La tercera consiste en asegurar que la participación de la gente joven sea reconocida y tomada con seriedad.

En primer lugar, la ciudadanía sexual: ¿Qué significa ser ciudadana/o? ¿Que puedes votar? ¿Comprar una casa? ¿Poseer un automóvil? Bueno, significa todas esas cosas. Pero en la REDLAC pensamos que es mucho más que eso. Creemos que la ciudadanía es un proceso que inicia el día en que nacemos y continúa a lo largo de nuestras vidas. Nuestros cuerpos son el primer lugar donde ejercemos nuestra ciudadanía. Si no podemos disfrutar nuestra sexualidad, si no podemos pedir a nuestro compañero que use un condón, ni pensar en la maternidad como una opción en vez de un destino, entonces nuestra ciudadanía está incompleta. Es por esto que decimos que la ciudadanía es sexual. Para tener una verdadera democracia, debemos también tener una ciudadanía sexual.

A fin de lograr esto, debemos alcanzar nuestra segunda meta, que consiste en incluir a los hombres en nuestros esfuerzos. Es necesario que lleguemos a hombres jóvenes que sean capaces de comprender y enriquecer la visión y los objetivos del movimiento feminista.

Ello significa reconocer que la desigualdad de género oprime también a los hombres. Los padres aún les dicen a sus hijos que la homosexualidad es una enfermedad. Los niños son alentados a recurrir la violencia para resolver sus conflictos. Todas creemos en el derecho de una chica a decir "no" a las relaciones sexuales si no se siente lista, pero ¿qué hay del chico que no se siente listo? ¿Acaso no debería también él ser capaz de decir "no"?

Alcanzar la verdadera igualdad significa trascender estas estrechas definiciones de género y dar a niñas y niños la libertad para que sean ellas/os mismas/os. En la REDLAC he visto yo misma que los hombres jóvenes pueden y deben convertirse en parte de la solución.

Lo anterior me lleva a nuestra tercera meta: reconocer la participación de toda la gente joven. Muchas personas adultas dicen que las y los jóvenes no estamos participando, que no nos interesa lo que ocurre en el mundo. Pero en la REDLAC siempre hemos comprendido que el verdadero problema no es que la gente joven no esté participando, sino que nuestra participación no es reconocida.

Las personas jóvenes somos un grupo diverso. Algunas/os luchamos por nuestros derechos en las Naciones Unidas, otras/os preferimos trabajar en nuestras propias comunidades, y hay quienes sentimos más comodidad expresándonos a través de la música o el arte.

Por tanto, la tarea crucial de nuestra red de jóvenes es empoderar políticamente a la gente joven. Debemos asegurar que nuestras demandas lleguen a personas adultas que están tomando decisiones sobre políticas y estableciendo prioridades de financiamiento. Esto requiere que tanto la gente adulta como la joven adoptemos una actitud más tolerante e incluyente acerca de las diferentes formas en que las y los jóvenes podemos participar. Estoy segura que adoptar esta actitud tendrá consecuencias positivas para nuestro movimiento. Sabemos que nuestros mensajes llegarán a más personas en la medida en que sean más diversos.

Por ejemplo, el año pasado en Uruguay, nuestra red de jóvenes lanzó una iniciativa a la que denominamos "placer seguro". Distribuimos pequeñas bolsas con condones que llamamos "condoneras". Cada condonera contiene un condón, información sobre el VIH/SIDA y una lista de lugares donde se puede obtener condones gratuitamente. Las condoneras llevan impreso uno de dos eslóganes: "Yo llevo un condón" o "Placer seguro". Pueden ser usadas en el cinturón, el llavero o el bolso, donde cualquier persona pueda verlas.

Más allá de alentar las relaciones sexuales seguras, estas condoneras brindan a la gente joven la oportunidad de hacer una declaración política. Seas hombre o mujer, portar una condonera dice: "Tengo derecho al placer, así como la responsabilidad de cuidar de mi pareja y de mí misma/o".

Distribuimos 600 condoneras en Montevideo el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Todo el día y la noche viajamos por la ciudad a lugares donde la gente joven se reúne—bares, clubes, cafés—presentando una obra de teatro callejero que tenía como protagonistas un óvulo, un espermatozoide y un condón. A medida que recorríamos la ciudad, cada vez más gente joven se unía a la presentación. Al final de la noche habíamos repartido todas las condoneras. Así que haremos otras mil.

Luego, apenas la semana pasada, en el autobús vi a una chica y un chico más o menos de mi edad. Él llevaba una de las condoneras en el cinturón. Como activista, me alegró mucho ver esto porque significaba que nuestra campaña fue un éxito. Y cuando salí del autobús noté que también la chica portaba una condonera, lo cual me puso aún más contenta. Al ver a esta pareja caminando por la calle, me di cuenta que habíamos cambiado un pequeño pedazo del mundo. Él y ella estaban respetando mutuamente sus derechos. Comprendían que cada quien tenía la responsabilidad de cuidar a la otra persona.

Mi generación está cambiando al mundo-no sólo para el futuro, sino también para nuestras vidas hoy.

Muchas gracias.
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